Imprimir
Categoría: Artículos
Visto: 4123

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

Cada vez encontramos más y más libros o artículos dedicados a los planetas transaturninos, su significación, el funcionamiento, etc. Sin desmerecer la importancia de los mismos, tengo la sensación que cuanto más nos dedicamos al más allá de Saturno, estamos perdiendo perspectiva del más acá de Saturno.

Dicho de otro modo, cuanto más nos abocamos a definir las características de los planetas exteriores -trascendentes en un sentido, y masivos en otro- menos reflexionamos sobre la individualidad. O peor aún, siguiendo el ritmo de los tiempos, masificamos al sujeto, con apelaciones que parecen apuntar a la trascendencia. Así surgen apelaciones a caminos de auto conocimiento que parecen venderse en los shoppings: cómo hacerse chamán en un fin de semana o iluminarse en una sesión.

En el panorama de esta carencia, existen algunos planetas pobremente tratados, como es el caso de Marte. Poco más, poco menos, la mayoría de los autores insisten en: valor, agresividad, tosquedad, individualismo y un par de palabras más.

¿Será posible darle alguna vuelta, y enfocar otras facetas de este planeta? Creemos que sí, pero empecemos la tarea.

En principio, nuestra cultura sostiene el presupuesto tácito de "Como soy así (Sol) actúo de esta manera (Marte)". Pero, la experiencia nos demuestra que ante una situación concreta de la vida, nos encontramos reaccionando de una manera que nos sorprende; no sabíamos que podíamos realizar tal o cual cosa (Marte) y, luego de desplegar esta aptitud, nuestra definición individual (Sol) se ve modificada.

Marte es un planeta que nos ofrece un rudimento de identidad; en tanto seres aislados, debemos autoabastecernos y luchar por nuestra sobre vivencia, en el plano que sea. Posteriormente en la vida, este primer impulso de separatividad, se enfoca hacia un proyecto personal, fuente de realización y de consolidación de la identidad de la cual habla el Sol. De hecho, ambos planetas están dignificados en el primer signo del zodiaco, Aries, aquel que enuncia "Yo soy".

Ahora bien, en general los seres humanos entendemos que existen diferentes maneras de sentir (Luna), de pensar (Mercurio), de vincularnos (Venus). Pero esta capacidad de entendimiento parece cerrarse cuando argumentamos nuestra manera de hacer (Marte), que por supuesto es la única correcta y somos capaces de enfrentarnos con cualquiera en aras de defenderla. Y si no me creen, piensen qué difícil es coordinar tareas grupales, o cuánto esfuerzo implica aceptar los ritmos de actividad de hijos o cónyuges.

Pero no sólo en la vida cuesta entender otros estilos de acción, también se hace difícil comprenderlo astrológicamente. Desde que éramos estudiantes, siempre resultó evidente que Marte rige Aries, pero no parece igualmente claro que también gobierne Escorpio y se exalte en Capricornio. ¿Por qué?

Porque la tradición occidental está fundada en el mito del héroe. Heroicidad cara al pensamiento griego (Ulises, Edipo) y al mundo semítico (Moisés, Abraham) y estas dos corrientes de pensamiento, entramadas, conforman nuestra cultura.

Occidente pone el acento en el sujeto, aquel que va de frente a encarar la realidad, a doblegarla si es posible, o por lo menos, a intentar medirse con ella. He aquí la escena de Marte - Aries (signo de polaridad activa).

Desde otra perspectiva, el pensamiento tradicional chino, que carece del mito del héroe, se enfoca sobre la situación, cómo moverse en función de las circunstancias para llegar al objetivo con el menor esfuerzo posible. Como un eximio timonel, maniobra, aprovechando la fuerza del viento para llegar a destino. Así se presenta la escena de Marte - Escorpio (signo de polaridad pasiva).

Desarrollemos mejor estas dos alternativas.

Aries, signo cardinal, es decir de iniciativa, está precedido por Piscis (mutable, Agua) y realiza trígono con Sagitario (mutable, Fuego); ambos regidos por Júpiter. Así, el héroe -Aries- enfrenta un desafío, que antes o después necesitará respaldar en su fe en los dioses (Júpiter). Pero como Júpiter rige signos mutables, que pertenecen a elementos caracterizados por un fuerte compromiso emocional - Fuego (Sagitario), Agua (Piscis) - unas veces recibirá el favor divino y otras la ira -como el pobre Prometeo-.

Escorpio, signo fijo, es decir perseverante, está precedido por Libra (cardinal, Aire) y efectúa trígono con Cáncer (cardinal, Agua). Uno regido por Venus y el otro por la Luna. Así, Marte - Escorpio se "sostiene" con el impulso (cardinales) que recibe de la seguridad interior (Luna) y de la capacidad de aliarse con el mundo exterior (Venus).

Aries (activo), fuerza los tiempos y presenta batalla; Escorpio (pasivo), espera el tiempo adecuado, marcado por el devenir y la acumulación de su propio potencial para desplegar su accionar. Una diferencia entre el boxeador que gasta su energías para vencer al contrincante -la atención puesta fuera de si- y el practicante de un arte marcial que utiliza la fuerza del otro -atención puesta sobre sí-.

Hecha esta primera distinción de dos formas disímiles de concebir la acción, Marte en los demás diez signos del zodiaco, de acuerdo a la polaridad en la que se ubique, se tornará “más Aries” o “más Escorpio” en su manifestación.

Esta primera categorización se torna necesaria para reconocer el estilo personal de acción. Si nuestra cultura privilegia un modelo Marte - Aries, es decir, activo, quienes posean a Marte en un signo pasivo, sienten que carecen de la "heroicidad" necesaria para encarar la vida. El riesgo radica en que se diluyan los años intentando ser lo que nunca seremos en lugar de sacar ventajas de nuestra manera particular de hacer. Reconocer que uno tiene una capacidad distinta, y no menor, es un primer paso para manejar mejor el devenir individual.

Si trasladamos estas afirmaciones a un tablero de ajedrez, diríamos que en la polaridad activa, Marte juega con blancas, iniciando y proponiendo el juego. En la polaridad pasiva, Marte juega con negras, respondiendo a la apertura de las blancas. Históricamente se consideró una ventaja mover primero. Pero últimamente, algunos teóricos pusieron en cuestión este supuesto. Afirman que llevar la delantera puede ser una carga psicológica para el jugador, que a veces pierde por esforzarse demasiado en ganar. Más aun, de acuerdo con la teoría de los juegos jugar en segundo lugar puede ser ventajoso porque las blancas tienen que revelar sus intenciones primero. No es demasiado difícil trasponer la dinámica del tablero a la vida humana.

Pero todavía queda por analizar la exaltación de Marte en Capricornio, signo cardinal -como Aries- de Tierra, por lo tanto de polaridad pasiva -como Escorpio-. Carece de osadía como su par ariano y del auto control de su par escorpiano, pero gana en pragmatismo. La conciencia de que los últimos tramos de la carrera son los más difíciles, lo lleva a regular la energía para tener aliento hasta el final.

Capricornio está precedido por Sagitario, enriqueciéndose con la idea de ir siempre más allá -Júpiter- que combinada con el elemento Tierra remarca su ambición. A su vez realiza un trígono con Virgo que le suma eficiencia -Mercurio-. La regencia de Saturno, le aporta a Marte conciencia del tiempo objetivo. Se es tan impuntual por llegar temprano como tarde.

Y ya que estamos mencionando los regentes es interesante tenerlos presentes a la hora de interpretar. Como simples ejemplos: Marte en Sagitario, necesitará expandir su accionar, conquistar -regencia de Júpiter-; en Tauro la acción quedará acotada a conseguir sólo lo que es valorado subjetivamente -regencia de Venus-; en Géminis -Mercurio- será un esgrimista del lenguaje.